4. Riesgos psicosociales

4.1. Estrés laboral

El estudiante de medicina Hans Selye (Hungría, 1907-1982) observó que todos los pacientes a los que trataba, con independencia de la enfermedad que tuvieran, presentaban una serie de síntomas comunes: insomnio, pérdida de peso, cansancio, síntomas que el Dr. Seyle definió como “El síndrome de estar enfermo”.

Posteriormente, en trabajos experimentales con ratas a las que sometía a condiciones físicas límite de distinta naturaleza, observó que, en todas ellas, se producía un extraordinario aumento en la secreción de las hormonas suprarreales –ACTH, adrenalina y noradrenalina-, la atrofia del sistema linfático y la presencia de úlceras gástricas.  A este conjunto de alteraciones orgánicas las denominó “estrés biológico”.

El estrés es por tanto, una respuesta del organismo ante cualquier demanda o exigencia a la que está sometido, denominándose “estresor” o “situación estresante” al estímulo o situación que provoca dicha respuesta.

Esta reacción, como iremos viendo a lo largo del curso, produce una serie de consecuencias fisiológicas, físicas y psicológicas similares, con independencia del factor que las desencadena (estresor). Es decir, un estresor, cualquiera que sea su naturaleza, desencadena la misma respuesta (de ahí que se denomine inespecífica).

Las múltiples definiciones que existen de estrés dependen de diversos enfoques:

  • Desde el punto de vista fisiológico: “Un síndrome o conjunto de reacciones fisiológicas, no específicas del organismo, a distintos agentes nocivos de naturaleza física o química presentes en el medio ambiente”. Dicho de otra manera, es la movilización de recursos fisiológicos para poder hacer frente (huída o ataque) a un hecho concreto que se evalúa como amenazante.
  • Desde un punto de vista psicológico: Mc Grath (1970) lo define como: “Un desequilibrio sustancial (percibido) entre la demanda y la capacidad de respuesta (del individuo) bajo condiciones en las que el fracaso ante esta demanda posee importantes consecuencias (percibidas)”.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción”. Desde este punto de vista, el estrés no se presenta como un problema, sino todo lo contrario, sería un estímulo, una alarma o alerta que nos prepara para reaccionar ante una amenaza.

Sin embargo, se convierte en un verdadero obstáculo cuando ciertas circunstancias, tales como la sobrecarga de trabajo, las presiones laborales y el ambiente competitivo, entre otras, se perciben inconscientemente como amenazas (D. Velásquez) que provocan reacciones defensivas en la persona, tornándola irritable y sufriendo consecuencias nocivas en su organismo.

Como vemos, el estrés propiamente dicho no es una enfermedad aunque, la exposición del organismo a situaciones estresantes puede provocar distintas alteraciones en la salud. El estrés no resulta nocivo en sí mismo, en principio, surge como una adaptación evolutiva de los seres vivos para dar una respuesta ante situaciones amenazantes.

De modo que, cuando hablamos de efectos perniciosos que puede acarrear el estrés, nos referimos a una situación que ya sea por su intensidad o por estar sostenida en el tiempo, produce un desequilibrio por el mantenimiento de ese esfuerzo, pudiendo entonces provocar diferentes daños como veremos en el apartado 2.6 “Efectos y consecuencias del estrés”.

Así podemos distinguir entre:

  • ESTRÉS o estrés positivo. Es preciso para proporcionar al organismo los adecuados niveles de activación necesarios para hacer frente a la situación que provocó esa excitación. El organismo reacciona pero no supera su propia capacidad, regresando a su estado base.
  • DISTRÉS o estrés negativo. La reacción de respuesta es desmesurada o de excesiva duración temporal. Se sobrepasa la capacidad de resistencia y adaptación del organismo provocando un desequilibrio con consecuencias físicas y emocionales dañinas para el individuo.