4.1. Estrés laboral

4.1.4. Fases de desarrollo del estrés: Síndrome General de Adaptación

El entorno en el que los seres vivos realizan su actividad se encuentra siempre en constante cambio, es una fuente continúa de exigencias que ejercen sobre ellos una elevada presión, siendo necesaria una alta capacidad adaptativa para adecuarse a las influencias del medio.

Cuando nuestra capacidad de respuesta es sobrepasada, cuando sentimos la incapacidad de afrontar dicha situación, nuestro cuerpo se pone en tensión ante una situación que interpreta como una amenaza.

Ante esta percepción de peligro se desencadena un conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas englobadas dentro del término estrés. Este proceso es lo que se denomina “Síndrome General de Adaptación”, formado por las tres siguientes fases:

  1. Fase de alarma: Ante la aparición de una amenaza, se desencadenan los procesos fisiológicos inespecíficos de respuesta ante un peligro: liberación de hormonas y neurotransmisores que producen un aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, un aumento de azúcar en los músculos, etc.

Cuando este esfuerzo extraordinario del organismo permite superar la situación se pone fin al SGA pero si la situación de estrés perdura, al no poder mantener por mucho tiempo este esfuerzo extra, el organismo ha de disminuir la cantidad de recursos movilizados, evolucionando hacia la segunda fase.

  1. Fase de resistencia o adaptación: Esta hiperactivación, aunque menor que en la fase anterior, puede mantenerse durante periodos más largos de tiempo, facilitando, en consecuencia, la superación de la situación de estrés.

En ella el organismo intenta superar, adaptarse o afrontar la presencia de los factores que percibe como una amenaza. Se normalizan los niveles hormonales y desaparece la sintomatología propia de la etapa anterior.

No obstante, si no consigue su objetivo, el mantenimiento de la activación puede llevar al agotamiento de las reservas del organismo, entrando así en la siguiente fase.

  1. Fase de agotamiento: Se produce cuando la exposición al estrés es continua en el tiempo o no se poseen con suficiencia los recursos adaptativos necesarios para afrontar dicha situación de peligro.

El organismo, ya sin recursos, pierde de manera progresiva (incluso en ocasiones de forma repentina) su capacidad de activación. Si a pesar de todo se intenta mantener la activación al máximo, el resultado será el agotamiento total con consecuencias negativas para el organismo. En determinadas circunstancias el SGA puede llegar a desencadenar úlceras pépticas, desarrollo de las glándulas suprarrenales y atrofia de los tejidos del sistema inmunitario.

Figura 3. Síndrome general de adaptación (Hans Selye, 1936)