4.1. Estrés laboral

4.1.6. Efectos y consecuencias del SQT

En este epígrafe no sólo analizamos las consecuencias de la no prevención del estrés en los trabajadores/as sino que describimos, brevemente, los perjuicios que esta situación conlleva a las Organizaciones.

En el individuo

La respuesta del estrés, probablemente heredada de nuestros antepasados, moviliza las fuerzas de forma muy adecuada en situaciones de estrés agudo (por ejemplo, escapar de un depredador o esquivar un coche que se nos echa encima), pero es menos adecuada para situaciones de estrés crónico (tales como ver a un familiar próximo que se consume por una enfermedad grave, tener que soportar a diario la situación de tensión que supone una mala relación con la pareja, con algún compañero, con los alumnos o con el equipo directivo del centro).

La reacción más frecuente cuando nos encontramos sometidos a una situación de estrés es la ansiedad que supone una reacción compleja a nivel orgánico, emocional, cognitivo y social o de comportamiento.

  • A nivel orgánico

En general, la respuesta de estrés implica una disminución de las actividades relacionadas con demandas o funciones a medio o largo plazo, y una movilización general y masiva de recursos para reaccionar y hacer frente de manera rápida y eficaz a la demanda inmediata.

Se consideran implicados en la respuesta de estrés tanto los mecanismos neural como endocrino, los cuales se pueden diferenciar en tres ejes básicos de actuación:

  1. Eje neural: Se activa de forma inmediata, en tan sólo unos segundos, e implica la activación del Sistema Nervioso Autónomo (SMA) y el Sistema Nervioso Somático (SNS).
  2. Eje neuroendocrino: Más lento en su actuación, implica la activación de la médula de las glándulas suprarrenales, con la consiguiente segregación de adrenalina y noradrenalina, que producen efectos similares a la activación simpática, lo que ayuda a mantener y aumentar la actividad adrenérgica.
  3. Eje endocrino: Actúa cuando la persona percibe que no puede hacer algo activo para controlar la situación, esto provoca la liberación de corticoides, con sus efectos sobre distintos órganos diana, entre ellos:
  • Incremento en la producción de glucosa.
  • Supresión del apetito.
  • Irritación gástrica.
  • Reducción o supresión de mecanismos inmunológicos.
  • Sentimientos de depresión e indefensión.
  • Incremento en la liberación de ácidos grasos en sangre.
  • Liberación de endorfinas y encefalinas, con sus efectos de disminución en la percepción del dolor.

Muchos expertos atribuyen a causas ligadas al estrés entre el 50 y 70 por ciento de las enfermedades, siendo las más peligrosas aquellas que afectan a las coronarias. También tiene influencia en muchas de las enfermedades de acumulación lenta (tan frecuentes en las sociedades occidentales actuales) que pueden estar causadas o agravarse por el estrés.

Como hemos analizado en el apartado 2.3 “Proceso de apreciación del estrés”, ante una alarma real o imaginaria salta la alarma, el organismo reacciona a través de diferentes sistemas neuroendocrinos y se prepara para luchar contra la amenaza o huir de ella.

Esta reacción que en principio es natural, puede acabar teniendo unas consecuencias tremendamente negativas para la salud si se presenta con demasiada frecuencia.

De este modo, se activa el sistema nervioso autónomo, que controla, entre otros, los músculos que alteran la digestión y la presión sanguínea. El sistema nervioso libera una serie de hormonas en el torrente sanguíneo. Bajo la acción de estas hormonas el cuerpo sufre toda una serie de modificaciones:

  • Se libera adrenalina y noradrenalina.
  • El hígado transforma los nutrientes en energía.
  • El corazón acelera su ritmo para bombear más sangre hacia las extremidades, desviándola del estómago y de los centros cognitivos superiores del cerebro.
  • La sangre aumenta su velocidad de coagulación para cerrar rápidamente eventuales heridas.
  • La circulación sanguínea se desvía de la superficie corporal (de ahí la palidez) para evitar pérdidas en caso de heridas y se dirige a los músculos largos, que son los que sirven para pelear o retirarse.
  • Las membranas de la nariz y garganta se encogen para ensanchar el conducto y facilitar el paso de un mayor flujo de aire.
  • Los pulmones, con respiración rápida y entrecortada, oxigenan el cerebro y los músculos en busca de energía y eficacia.
  • Se prioriza la oxigenación en las zonas del cerebro que se ocupan de los sentidos para agudizarlos al máximo. Algunas hormonas como el cortisol, colaboran en esta tarea. Oímos más. Se dilata la pupila para ver mejor, pero se sustrae oxígeno de las zonas del cerebro que se ocupan de funciones de largo plazo como pensar; y de otras no urgentes como alimentarse.

Es decir el cuerpo dedica su energía a las funciones que la naturaleza entiende que resultan prioritarias para solventar con mayor eficacia una emergencia.

 

ALTERACIÓN DE:

 

 

TENSIÓN

 

ESTRÉS

 

Cerebro

 

 

Ideación clara y rápida

 

Dolor de cabeza, temblores, tics nerviosos

 

Humor

 

 

Concentración mental

 

Ansiedad, pérdida del sentido del humor

 

Saliva

 

 

Muy reducida

 

Boca seca, nudo en la garganta

 

Músculos

 

 

Mayor capacidad

 

Tensión y dolor muscular, tics

 

Pulmones

 

 

Mayor capacidad

 

Hiperventilación, tos, asma, taquicardia

 

Estómago

 

 

Secreción ácida aumentada

 

Ardores, indigestión, dispepsia

 

Intestino

 

 

Flujo disminuido

 

Diarrea, cólico, dolor, colitis ulcerosa

 

Vejiga

 

Disminución de la micción

 

Poliuria (producción y excreción de gran cantidad de orina)

 

Sexualidad

 

 

Irregularidades menstruales

 

Impotencia, amenorrea, frigidez

 

Piel

 

 

Menor humedad

 

Sequedad, dermatitis, erupciones, picor

 

  • A nivel cognitivo o mental

Ante una situación estresante el individuo puede realizar grandes distorsiones a nivel cognitivo (la forma de percibir la situación).

El estrés compromete seriamente la capacidad intelectual de una persona. Le provoca lo se denomina “efecto túnel”; sé ve sólo un tipo de cosas, en un solo sentido, el de la preocupación. Hace al individuo menos inteligente, más simple, más rígido y superficial a la vez que menos capaz para asumir responsabilidades.

Como el cambio actúa como estresor, es rechazado, y aparece la “neofobia” o miedo a lo nuevo. La rutina les provoca más seguridad.

El estrés también puede causar una serie de perturbaciones sobre los procesos cognitivos superiores (atención, percepción, memoria, toma de decisiones, juicios, etc.) y un deterioro del rendimiento en términos académicos o laborales.

Así por ejemplo, los estudiantes con alta ansiedad de evaluación presentan una disminución del rendimiento, mientras que los programas de entrenamiento en reducción de ansiedad a los exámenes no sólo reducen ésta, sino que mejoran el aprovechamiento académico, aumentando la nota media.

Una de las consecuencias de los niveles elevados de cortisol es la aparición de deficiencias en el intelecto: cometemos más errores, nos resulta difícil concentrarnos y tenemos fallos de memoria. En resumen, perdemos las habilidades intelectuales más necesarias, entre ellas la facilidad para procesar la información, ya que los recursos se están dedicando a afrontar una emergencia inmediata, preparándose para una respuesta física.

El estrés afecta a nivel mental o cognitivo en:

  • Preocupaciones.
  • Dificultad para decidir.
  • Sensación de confusión.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Bloqueos mentales.
  • Experiencias aprensivas negativas.
  • Pensamientos irracionales negativos.
  • Temor a que se perciban nuestras dificultades.
  • Miedo a la pérdida de control.
  • Dificultad para percibir la realidad.
  • Inseguridad.
  • Dificultad para resolver problemas.

 

  • A nivel emocional

Todo cuanto se refiere a la capacidad emocional queda afectado. Se pierde empatía, capacidad de percibir lo que sienten los demás o lo que necesitan.

Con frecuencia, la reacción de estrés produce emocionalidad negativa, sobre todo ansiedad, provocando una reacción de alerta y activación, ante la posibilidad de obtener un resultado negativo.

Si a pesar de todos los esfuerzos de afrontamiento y defensa, el trabajador no consigue dar respuesta a esas exigencias, pueden aparecer alteraciones emocionales que le perturbarán en el desempeño de sus tareas, las más comunes son:

  • Ansiedad: La vivencia es especialmente emocional e intelectual. Es una respuesta caracterizada por un estado de alerta y activación generalizada. Para el individuo es una señal de peligro difusa que produce un sentimiento indefinido de inseguridad y una amenaza para su integridad.

La gama de reacciones a la ansiedad puede ser muy diversa:

  • Huida y conductas de evitación.
  • Búsqueda de protección.
  • Agresividad.
  • Enfermedades psicosomáticas.
  • Depresión: a menudo en el desarrollo del trabajo, ante situaciones de estrés sostenido, el trabajador agota sus energías y los recursos para responder adecuadamente a las exigencias del trabajo y pasa a generar una lesión en su salud en forma de trastorno depresivo.

Es un trastorno del estado de ánimo, de la afectividad. En el cuadro clínico de las formas de depresión se presentan, principalmente cuatro grupos de síntomas:

  • Del estado de ánimo: La persona siente tristeza, intensa angustia y desconsuelo.
  • Del impulso: se caracteriza por la ausencia de energía, falta de vitalidad, apatía y desgana, este freno de la actividad se denomina “inhibición psicomotriz”.
  • De la valoración de sí mismo y de sus circunstancias: aparecen frecuentes ideas de acusación, sentimiento de indignidad, de ruina, de negación, de pesimismo y desesperanza.
  • Síntomas somáticos: insomnio, pérdida de peso, anorexia nerviosa, etc.
  • Inseguridad: La inseguridad hace que la persona que la sufre se sienta desvalida y tenga sensación de incertidumbre frente a los objetivos del trabajo, las relaciones personales, etc.

Se caracteriza por una dificultad para tomar decisiones y por una disminución de la confianza en las propias capacidades.

Los sujetos inseguros vacilan constantemente antes de tomar decisiones, esto produce un desasosiego que empuja al trabajador hacia la retirada y le llevan a rechazar todas las tareas con algún componente de responsabilidad.

En general los síntomas emocionales incluyen:

  • Ansiedad
  • Inquietud interior.
  • Temor, miedo.
  • Desasosiego, desazón, agobio.
  • Inseguridad.
  • Rabia, ira.
  • Desesperanza.
  • “Sufrimiento” al entrar en clase, miedo a enfrentarse con el alumnado. La relación con los alumnos se percibe como una confrontación.
  • Sentimientos de soledad y tendencia a autoinculparse de todo lo que sucede negativamente, no sólo en la salud del profesor y su entorno, sino también en la calidad de la enseñanza.
  • Sentirse incapaz de hacer frente a problemas de indisciplina, a los alumnos con necesidades educativas especiales o al trabajo burocrático.
  • Temor a perder el control.

Si  aún continuase el estresor, se podría llegar al estado de agotamiento, y si se mantiene en el tiempo y no se recuperan los recursos gastados se podría producir posibles alteraciones funcionales y/u orgánicas, como son las llamadas “enfermedades de adaptación”.

Estos síntomas son percibidos como negativos por las personas y producen preocupación (ansiedad), lo que a su vez agrava los síntomas, pudiendo comenzar un proceso patológico con probabilidades de afectar al rendimiento, a la salud física y a la salud mental.

  • A nivel social o de comportamiento

 

El estrés puede modificar los hábitos relacionados con la salud, de manera que la falta de tiempo, el aumento de la tensión, etc., pueden favorecer la aparición de conductas no saludables como: fumar, beber o comer en exceso. De forma contraria puede restringir la realización de conductas saludables como hacer ejercicio físico o dormir suficientemente.

Los principales síntomas comportamentales que pueden delatar un aumento de los niveles de estrés del individuo son:

  • Aumento del consumo de alcohol, tabaco y demás drogas.
  • Abuso de fármacos sedantes para dormir.
  • Estallidos emocionales.
  • Intranquilidad motora (movimientos repetitivos, habla rápida, tartamudeo…)
  • Llantos irreprimibles.
  • Adopción de posturas defensivas ante el superior y los compañeros.
  • Evitación de situaciones temidas.
  • Impuntualidad, abundancia de interrupciones, evitación del trabajo, absentismo, falta de compromiso con la tarea, incluso abandono de la profesión.
  • Descenso de las habilidades sociales.
  • Comer en exceso o pérdida del apetito.
  • Aislamiento, derrotismo, agresividad.
  • Precipitación en la conducta.
  • Predisposición a accidentes laborales.

Por último, reseñamos los principales síntomas del estrés en el profesorado:

  • Irritabilidad y repentinos cambios de humor.
  • Cansancio crónico y falta de energía.
  • Percepción desproporcionada de los propios errores.
  • Incapacidad para ver los éxitos laborales.
  • Ausencias injustificadas al trabajo.
  • Insomnio.
  • Síntomas médicos como depresión, hipertensión, alteraciones de tipo gastrointestinal, tensión muscular, palpitaciones.

De este modo, el trabajador de la enseñanza está continuamente arriesgando su salud psíquica, que como iremos viendo a lo largo de la Unidad 2 tiene su origen, entre otras causas, en:

  • Intensa actividad profesional, unida al trabajo intelectual y administrativo.
  • Conflictividad en las aulas.
  • Deterioro de la imagen social del profesor.
  • Excesivo número de alumnos por aula.
  • Insuficiente motivación del alumnado.
  • Continua adaptación al sistema educativo.
  • Falta de promoción y apoyo de la organización.
  • Presiones temporales.
  • Cambios rápidos en las demandas curriculares.

Si bien, en el desarrollo de la siguiente Unidad nos centramos en las estrategias organizativas frente al estrés laboral, reseñamos aquí brevemente la importancia de reducir o minimizar las condiciones de trabajo objetivamente estresantes, siendo necesarios:

  • Sistemas de información y comunicación.
  • Sistemas de regulación de conflictos y estilos de mando.
  • Establecimiento de medidas de apoyo al profesorado como reconocimiento de la función tutorial, protección y asistencia al docente en caso de conflictos.

1.7.2  En la Organización

La actualización en daños del estrés también influye negativamente en el funcionamiento de las organizaciones y no sólo en el organismo humano, de su estatuto psico-biológico y social.

Los trabajadores sometidos a una mayor incidencia de este riesgo reducen considerablemente su rendimiento. Por lo tanto, los efectos negativos lo son también para la organización. Estos efectos se reflejarán de diverso modo, generando elevados costes tanto directos como indirectos, a consecuencia de:

  • Mayor accidentabilidad.
  • Aumento del absentismo.
  • Incremento de bajas “voluntarias”.
  • Descenso de la motivación.
  • Deterioro de las relaciones laborales que perjudica el clima favorable que exige la productividad.
  • Amenaza, cada vez más real, de sanciones, tanto por indemnización civil como por sanciones administrativas.
  • Pérdida de imagen que suponen las denuncias, y su difusión mediática.

En la actualidad, las Organizaciones Internacionales más prestigiosas y preocupadas por este problema de salud laboral, que ya es el principal, además de insistir en los enormes daños que puede generar en el trabajador la no prevención del estrés laboral, han emprendido una intensa campaña para acreditar que, al mismo tiempo, daña la productividad de las empresas.

En esta dirección, sea en el marco de la UE –AESST- como en el plano internacional –OIT- se sostiene con rigor, aunque con poco éxito que:

“ Las empresas que ayuden a sus empleados a hacer frente al estrés y a la violencia en el trabajo, reorganizando con cuidado el ambiente de trabajo, en función de las aptitudes y aspiraciones humanas, así como conductas cívicas y respetuosas con los derechos de las personas, tienen más posibilidades de lograr ventajas competitivas”.